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domingo, 7 de febrero de 2016

FIN DEL INVIERNO


Dicen de ellos que anuncian el fin del invierno, aunque este año parece que se han adelantado porque en algunos lugares ya se les puede ver en todo su esplendor .. Y para primavera falta todavía un rato...



Pero ahí están. Luciendo sus maravillosas flores que animadas por una climatología más benigna, han salido apresuradas a tomar el sol, convirtiendo los campos, jardines y parques en auténticos paraísos terrenales.


Originarios de las regiones montañosas de Asia Central, al parecer los almendros ya se cultivaban en Persia y Mesopotamia del 5.000 al 4.000 a.c, siendo introducidos en España, según algunos expertos, por los fenicios, a los que se les atribuye el descubrimiento de la almendra, uno de los frutos secos más conocidos. ¡ Qué ricas, por Dios !, aunque, eso sí, ¡¡ tomadas con moderación!! ( Ya estamos...). 


Pero, bueno, mi intención, no es escribir sobre sus frutos, sino sobre sus flores, de las que existen muchas leyendas. Una de ellas es la que cuenta que Adán y Eva, al ser expulsados del Paraíso, se encontraron con un duro invierno y cuando ella, agotada y desesperada creía que la vida iba a ser  así eternamente, se le apareció un ángel, consolándola diciendo que a ese invierno le seguiría una primavera, y en prueba de ello convirtió unos copos de nieve en flores de almendro, lo que sirvió para animarla y que siguiera esperanzada.


El almendro florece muy pronto, en cuanto la temperatura sobrepasa los seis grados, en Febrero. Y antes de que aparezcan sus hojas, la copa del árbol se cuaja de flores de colores variables entre el blanco y el rosado, ofreciendo todo un espectáculo de frescor, juventud y vida.

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Dicen que en el lenguaje de las flores, la flor del almendro significa la esperanza y el despertar. Son otra más de las maravillas de la naturaleza que se pueden contemplar una vez al año y que hay que espabilarse si se quiere disfrutar de su belleza y colorido porque son efímeras, apenas si duran una semana.


Se pueden admirar en muchos sitios, y ciñéndonos a España, existen rutas que se pueden recorrer a pié o en bici, para goce y disfrute de los que saben apreciar este espectáculo maravilloso y gratuíto que la Naturaleza nos ofrece cada año. En Ibiza, por ejemplo, es impresionante la zona del valle conocido como el "Plá de Corona", en Santa Agnés, o los campos de la zona de Sant Joan de Labritja y Sant Miguel de Balansat, en los que, la acumulación de almendros da lugar a paisajes tan mágicos como éstos que, quizás sean menos conocidos que sus calas y playas, pero que no tienen nada que envidiarles en colorido, majestuosidad y belleza.



También en Gran Canaria es una fiesta el florecimiento de los almendros y se celebra por todo lo alto en municipios como Tejeda, San Bartolomé de Tirajana, y Valsequillo para los que este acontecimiento es la mejor excusa para promocionar, además de la belleza de su paisaje, la afabilidad de sus gentes, su cultura  y gastronomía.



Pero no hay que irse fuera de la península para disfrutar de este acontecimiento. En la capital de España, hay un lugar no muy conocido y que a los que tienen el privilegio de frecuentarlo les gusta mantener en secreto para que las aglomeraciones de visitantes no rompan su encanto. El sitio es conocido como "La Quinta de los Molinos" y está situado casi al final de la madrileña calle de Alcalá. Un paraíso y un oasis de paz en medio de la gran urbe, considerado como Parque Histórico y Bien de Interés Cultural, en el que habitan unos 8.000 árboles, entre pinos, cipreses y, sobre todo, almendros que cuando florecen, lo convierten en un sitio paradisíaco. Un lugar ideal para pasear o descansar, olvidándose del mundanal ruido por unos instantes...



Y los hay por otras muchas más ciudades y pueblos. Probablemente hasta hayamos pasado a su lado sin prestarles atención, por lo indiferente que suele resultarnos la cotidianidad o, sencillamente porque al ser su floración tan efímera, si no están en un sitio que frecuentamos, cuando volvemos a pasar por donde están, sus flores han desaparecido. Así que, ¡atentos!.


Claro que para los que se pierdan este espectáculo o maldigan su carácter efímero y quieran tenerlo siempre presente, hay decoraciones de interior, papeles pintados, fotomurales y vinilos que, aunque no sean lo mismo, valen para que uno se haga la ilusión...


Para decoraciones zen, balnearios y sitios de relax, son muy utilizados, creando esa sensación de paz y bienestar que todos buscamos


Finalizo esta entrada con unas ramas de almendro en bouquet, una forma sencilla de festejar el final del invierno y darle un toque de frescor y alegría a cualquier rincón de la casa,
               

                     Sólos o acompañados de otras flores. De cualquier forma, quedan preciosos...




                                     Y para los más golosos..., otra forma de festejarlo...







          Qué!...eh???




Esta Entrada pertenece al blog “La caraba en bicicleta”, cuya autora es: Monni Della Hesk. Si la copias, al menos, añade su enlace. Así de fácil: http://lacarabaenbicicleta.blogspot.com.es/

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